Aquí hay dos cosas muy distintas que comparten una idea: que el dinero no debería decidir si estudias.
La FAFSA es la solicitud de ayuda federal para estudios y es, con diferencia, lo más importante de esta categoría. No es una beca en sí: es el formulario que abre la puerta a todo lo demás —la Beca Pell, los préstamos federales con interés bajo, el trabajo-estudio y, en muchos casos, las becas propias del estado y de la universidad, que suelen exigirla aunque no sean federales—. La Beca Pell no se devuelve y en el curso 2026-2027 llega hasta $7,395.
La pregunta que más frena a las familias hispanas es la del estatus. Conviene decirlo claro: el estudiante tiene que ser ciudadano o tener un estatus elegible, pero los padres no. Unos padres sin número de Seguro Social pueden constar en la FAFSA de su hijo, y el formulario está preparado para eso. Miles de estudiantes que sí califican no la presentan por esta confusión.
Head Start es la otra pata y es para el otro extremo de la vida: preescolar y cuidado infantil gratis para niños de familias con bajos ingresos, con comidas y revisiones de salud incluidas. Para muchas familias es lo que hace posible que un padre o una madre trabaje.
Por dónde empezar. La FAFSA abre el 1 de octubre y hay una razón práctica para presentarla ese mismo mes: parte de la ayuda estatal e institucional se reparte por orden de llegada y se agota. Presentarla en marzo cuando abrió en octubre cuesta dinero real.
Un aviso sobre Head Start. El requisito de estatus migratorio está en litigio desde 2025. Hay una orden judicial de alcance nacional que hoy impide exigir documentos de ciudadanía, pero el pleito sigue abierto. La recomendación práctica no cambia: pregunta en el programa de tu zona, que tiene la instrucción vigente, y no dejes de inscribir a tu hijo dando por hecho que no puede.